Ese día fue inolvidable. De Sportivo Guzmán nos citaron a José Ortiz y a mí. Estábamos muy ansiosos en el vestuario esperando que llegara Diego. Cuando entró, fue como que se iluminara todo, algo difícil de explicar. Nos quedamos todos mudos. Con una gran humildad comenzó a saludarnos a todos, uno por uno. Tuve la suerte de que se sentara al lado mío. Yo tenía unos nervios terribles, observaba hasta cómo se cambiaba. Todos nos sacamos fotos con él. Y ni hablar de jugar con él. Una magia que nunca vi. No creo que vaya a haber otro como él en la historia.
Un día inolvidable
Por Enrique Chamorro, jugó el partido benéfico de 1992.